26.9.16

El tremendo lío de Yahoo Mail y sus contraseñas


Como sabéis, cientos de millones de contraseñas de Yahoo han sido robadas (unos 500 millones, casi nada). Eso afecta a todos los usuarios y, de hecho, Yahoo está procediendo a obligar a que cambies tu contraseña por otra (si usáis alguno de sus servicios lo sabréis de sobra).

Yo siempre tenía la costumbre de usar una contraseña diferente para cada servicio (abría una cuenta de correo, ponía una contraseña nueva; me daba de alta en un foro, ponía otra...), así estaba hasta que la gestión de contraseñas fue tan monstruosa que llevar un control sobre ellas era imposible. Una vez perdí una, y me quedé sin poder usar ese servicio (creo que era una cuenta de correo de MixMail, si mal no recuerdo). Fue cuando un amigo me aconsejó que hiciera como él: pusiera una contraseña para todo y, de esa manera, no podía perderla porque era la misma en cada servicio que la necesitara.

¿Mejor una silla cómoda, o una silla incómoda?


Esta última semana ha sido toda una tortura para mí. El fin de semana tuve una lumbalgia que se agrabó notablemente hasta el extremo que tuve que acudir a urgencias casi sin poder caminar, con unos dolores que me tiraba al suelo gritando.

Aunque han sido muchas horas las que me he pasado frente al ordenador (todos los que programáis, diseñáis o trabajáis habitualmente con ordenador sabéis muy bien de qué os hablo), la aparición de esta dolencia no lo achaco al ordenador y a las larguísimas horas sentado frente a él, sino que sé muy bien que tiene su origen en los años en los que trabajé de mantenimiento y en los que transportábamos todo tipo de muebles y enseres. Como las (y los) oficinistas que trabajaban en la Administración Pública no querían retirar las cosas (libros, documentos...) que guardaban en sus armarios (decían que eso no era su competencia), y como a nosotros nos apuraban para terminar los traslados rápido y que de esa manera estuviese el servicio al ciudadano lo menos afectado posible, movíamos y llevábamos los armarios y escritorios con todo lo que hubiera en su interior.

16.9.16

El maleficio de las bicis negras


Nunca fui supersticioso, pero hay cosas que sí resultan bastante extrañas, aunque yo lo achaco más a una suerte de casuales fatalidades que al fetichismo. Sea como fuere, es cierto que últimamente hay una rara moda por las bicicletas negras, los fabricantes parecen verse asombrosamente atraídos por ese color y suelen utilizarlo como base para un número destacable de modelos.

A Alberto Contador en el pasado Tour de Francia le dieron una bici negra, y sufrió una caída que, a la larga, le hizo abandonar el Tour. Tras él decidió subirse a una bici plateada, con la que ganó este pasado agosto la Vuelta a Burgos. Pero hace algunas semanas le volvieron a dar, durante una etapa de la Vuelta a España, una bicicleta negra. Y se volvió a caer. De manera que dijo que ya no quería más bicicletas negras, que no las volvería a coger.

15.9.16

Nuevos Seiko "melody"


El próximo día 23 de septiembre Seiko lanzará dos interesantes novedades digitales. En realidad no son nuevos modelos, ambos entran dentro de su colección de relojes para aventureros Prospex, pero sí son dos nuevas versiones, denominadas SBEK005 (la roja) y SBEK007 (la blanca). Esta edición está limitada únicamente a mil unidades, a un precio muy alto, más de 300 €. Las dos versiones están dedicadas al popular personaje de Heidi, y llevan como lema "Heidi, a girl of the Alps" ("Heidi, la niña de los Alpes", ya sabéis...).

Incluyen motivos de los personajes, la cabaña, la cabra... Además, posee trasera e iluminación EL personalizada. Uno de los pulsadores es de color dorado, como un guiño al cascabel de la oveja, y además en cada hora en punto surge una animación que (se supone) recuerda a la serie, con animales correteando. Pero lo más curioso es que se le ha añadido dos musiquillas, dos melodías tomadas de la serie, una es la canción de apertura del anime, y la otra es la canción de "abuelito dime tú..." (ya de sobra conocida por todos).

14.9.16

La otra sociedad


Durante estos días me encuentro por las mañanas con un conocido que camina sin ningún rumbo por las calles. En su trabajo le han reducido la jornada, y ahora solo trabaja tres horas. Y aún así puede darse por afortunado: otros compañeros se quedaron sin trabajo.

El caso es que, acostumbrado a llegar a su casa a media o última hora de la tarde, ahora llega sobre media mañana. En su casa no hace nada: mirar para las paredes, encerrarse en su habitación, molestar a su esposa en sus tareas diarias y en su rutina... De manera que ha optado por seguir cumpliendo su horario y llegar a unas horas similares a cómo lo hacía cuando estaba trabajando. Y cuando sale del trabajo, se dedica a dar paseos o a matar el tiempo sentado en un parque. Si llueve, se sienta en un andén de una estación a esperar. A esperar a ningún tren.